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El Acordeón de los Recuerdos: Julieta Venegas Transforma el Auditorio Nacional en una Íntima y Mágica Sala de Estar

Por: Óscar Quintero
Fotos: OCESA / Lulú Urdapilleta

Hay conciertos que se miden por los decibeles del sonido o el brillo de las pantallas gigantes, y hay otros, mucho más extraños y hermosos, que se miden por los latidos del corazón. Lo que sucedió en el Auditorio Nacional con el regreso de Julieta Venegas a la Ciudad de México perteneció enteramente a la segunda categoría.

Como parte de su aclamado Norteña Tour 2026, la cantautora tijuanense logró una hazaña de alquimia espacial: tomó un coloso con capacidad para 10,000 personas y lo encogió mágicamente hasta convertirlo en la sala de su propia casa, invitando a una multitud de desconocidos a sentarse entre lámparas, plantas y sillones viejos para platicar de la vida a través de la música.

Una Postal Familiar y un Refugio de Convivencia

En punto de las 20:30 horas, la sobriedad del escenario se rompió cuando Julieta apareció envuelta en un atuendo rosa que contrastaba con la calidez dorada de las luces. A sus espaldas, la escenografía renunció por completo a la frialdad de la alta tecnología. En su lugar, el público fue recibido por una galería flotante de fotografías capturadas por el ojo de su hermana gemela, Ivonne Venegas, dándole al espectáculo una atmósfera de diario íntimo y complicidad familiar.

El escenario parecía un rincón suspendido en el tiempo. Entre sillas de distintas formas y un ambiente sumamente acogedor, Julieta Venegas entabló una conversación horizontal con sus seguidores capitalinos, celebrando con desbordante felicidad el milagro de volver a encontrarse en el asfalto de la CDMX.

 El Elíxir de las Colaboraciones Generacionales

La velada no se vivió en solitario. La cantautora tejió un hermoso puente entre diversas latitudes y épocas de la música iberoamericana, invitando a viejos y nuevos amigos a sumarse a su sala de estar:

Israel Ramírez (Belafonte Sensacional): Subió al escenario para interpretar «Volver a ti», la primera pieza que Julieta escribió para esta nueva etapa, desatando una ovación unánime.

Santiago Motorizado: El líder de la banda argentina aportó su particular mística y melancolía al tema «Lo que va a pasar».

Majo Aguilar: En uno de los momentos más festivos y coreados de la noche, la heredera del mariachi aportó su energía para una versión inolvidable de la clásica «Andar conmigo».

 La Catarsis de la Nostalgia y los Himnos Inmortales

El concierto avanzó por pasajes sumamente emotivos. Julieta abrió su baúl de afectos al cantar «Te celebramos», una tierna dedicatoria escrita originalmente para el cumpleaños número 80 de su padre, y más tarde rindió homenaje a su hermana Ivonne con «Algún día».

Sin embargo, el punto de quiebre de la noche ocurrió cuando Julieta se sentó a solas frente al piano. Las primeras notas de «Lento» suspendieron el aire del recinto, mientras el Auditorio Nacional se apagaba por completo para encender un cielo estrellado hecho con las luces de miles de teléfonos celulares. Poco después, el piso vibró con un emotivo tributo a Juan Gabriel a través de «No me vuelvo a enamorar», que puso a todo el mundo de pie.

Para la recta final, la máquina del tiempo de Julieta Venegas soltó su artillería pesada. Un coro masivo e ininterrumpido acompañó de principio a fin los acordes de «Eres para mí», «Mismo amor» y la ya mítica «Me voy».

Tras una breve y teatral ausencia, el encanto final cerró pasadas las 22:30 horas con un viaje de frescura y optimismo puro de la mano de «A dónde va el viento», «Limón y Sal» y «El presente». Julieta Venegas demostró que se puede cambiar de piel y de sonidos, pero que las grandes canciones, al igual que los mejores amigos, siempre saben cómo volver a casa.

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