Por: Paulina Sánchez
Fotos: José Jorge Carreón
Miles de aficionados se reunieron para vivir una experiencia única: una antesala musical al debut de la Selección Colombia en el Mundial. Camisetas amarillas, banderas ondeando y símbolos patrios pintaron el lugar de colores, transformando el evento en una fiesta tricolor que desbordaba emoción y orgullo.
El concierto reunió a dos de los artistas más emblemáticos de la música colombiana, quienes hicieron vibrar a los asistentes con un repertorio cargado de energía y sentimiento. La atmósfera fue electrizante: cada canción se convirtió en un himno compartido entre artistas y público.
Alrededor de las nueve de la noche, Silvestre Dangond abrió el espectáculo con su característico ritmo vallenato. Su música contagiosa logró que nadie se quedara quieto, disipando el frío de la noche. Con juegos pirotécnicos, cambios de vestuario y un despliegue de energía constante, interpretó éxitos como «Ya no me duele más», «Dile», «Lo ajeno se respeta» y «Cásate conmigo». En cada pausa, el artista reafirmaba su apoyo a la Tricolor, convirtiendo su show en un acto de unión y orgullo nacional.
La velada continuó con un recorrido por algunos de los temas más reconocidos de la música colombiana:» Volví a nacer», «La bicicleta», «Canción bonita», «Ella es mi fiesta», «La hamaca grande» y «La gota fría». El público coreó cada verso, creando un ambiente de comunión y celebración.
El toque especial llegó con la participación de ChocQuibTown, quienes llevaron los sonidos del Pacífico colombiano al escenario. Su fusión de ritmos añadió diversidad y frescura, reforzando la idea de que la música es reflejo de la riqueza cultural del país.
Más que un concierto, la noche fue un preludio cargado de emoción para el debut mundialista de Colombia. La combinación de fútbol y música convirtió el evento en un símbolo de identidad y esperanza, donde cada acorde y cada bandera ondeada recordaban que la pasión por la Tricolor trasciende fronteras.






