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Iseo & Dodosound convirtieron el Teatro Metropólitan en un oasis de reggae, dub y conexión humana

Por: Paulina Sánchez
Fotos: OCESA / Liliana Estrada

El Teatro Metropólitan se sumergió en una atmósfera de bajos profundos, luces tenues y emociones a flor de piel con el esperado regreso de Iseo &Dodosound a la Ciudad de México.

La velada arrancó con fuerza con temas de Volando, su más reciente producción discográfica. Desde los primeros acordes, el nuevo material logró encender el ánimo de los asistentes, quienes recibieron cada canción con entusiasmo y se dejaron llevar por el particular universo sonoro de la agrupación.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la interpretación de “Freedom”. Antes de interpretar el tema, el dúo aprovechó el escenario para expresar un mensaje de solidaridad ante la situación social que atraviesa Medio Oriente, proyectando un claro y contundente mensaje de “Palestina libre”. El público respondió con aplausos y muestras de apoyo, convirtiendo la canción en un instante de reflexión y empatía colectiva que trascendió lo musical.

Cada composición se enlazaba con la siguiente en un flujo constante de reggae, dub y electrónica que mantuvo al público completamente inmerso. Más que un recital, la presentación se convirtió en un viaje sonoro donde el tiempo parecía detenerse y cada vibración encontraba eco en los asistentes.

Sin embargo, la noche aún guardaba sorpresas. Uno de los momentos más aplaudidos ocurrió cuando Iseo & Dodosound decidieron bajar del escenario y caminar entre el público sin detener la música ni por un instante. La cercanía con los asistentes provocó una auténtica euforia colectiva y reforzó la sensación de que se trataba de un encuentro entre amigos unidos por la música.

La intensidad alcanzó uno de sus puntos más altos con la interpretación de éxitos como “Chan Chan” y “Digital Shoots”, temas que transformaron el Metropólitan en una gran pista de baile.

Los asistentes saltaron, cantaron y levantaron las manos al ritmo de los graves y las melodías envolventes, cerrando una noche en la que la música sirvió como un puente para la celebración, la reflexión y la comunión.

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