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Por Erika Mo
Fotos: César Vicuña

 

En la escena musical de todos los géneros, es común encontrarnos con bandas cuyo comienzo es exitoso, y fácilmente abarrotan los recintos más importantes de distintas ciudades, pero ¿qué encontramos cinco, diez, quince años después?, claro, si es que aún figuran en los medios. Pocas son las que prevalecen, las que se despiden de los escenarios y quince años después regresan, y nuevamente tiene una y otra y varias presentaciones más y, cuatro años más tarde, siguen agotando las entradas para sus conciertos, aunque lleven años sin entregar un nuevo sencillo, aunque sigan interpretando una y otra vez las mismas canciones que los llevaron a la cima del éxito, esas bandas que siguen activas, que van de generación en generación son las que llegan a coronarse como verdaderos paladines de la música, una de esas bandas es Caifanes.

Ante un Palacio de los deportes abarrotado y eufórico, el día de ayer se presentaron Sabo Romo, Alfonso André, Diego Herrera y Saúl Hernández para mostrar una vez más que aún siguen vigentes y el apelativo de ‘maestros’ es más que merecido.

Aunque el comienzo del evento estaba anunciado para las 21 horas, veinticinco minutos tuvieron que pasar para que las luces se apagaran y los cuatro Caifanes (más el guitarrista invitado) aparecieran, el palacio entero lo festejó. Debajo de tu piel y Para que no digas que no pienso en ti, ambas incluidas en El silencio abrieron la velada. Todos cantamos

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Un peculiar mensaje de Saúl “Muchas gracias. Bienvenida, raza, este es su concierto, este es un sueño; el aplauso es tuyo, no para nosotros […]a la vida no hay que tenerle miedo sino coraje, al amor nunca hay que tenerle miedo” precedió a la tercera canción de la noche, más potente que las anteriores, ésta fue Miedo, le sucedió Cuéntame tu vida, a la par de la interpretación mostraron un video con imágenes de los cuatro durante los años de promoción del primer LP de la banda a finales de los 80, nostalgia total.

Llegó el momento de Viento, Detrás de ti  y Mátenme porque me muero, las dos últimas fueron coreadas de principio a fin, dejando en claro que hay canciones que no tienen ni pizca de desperdicio, sobre todo cuando cuentan con remates tan impactantes. Siguieron con Metamorfeame  en una versión mucho más tranquila que la original, y la coreadísima Célula que explota.

Como ya es característico en Saúl, los mensajes de conciencia no podían faltar. Antes de Ayer me dijo un ave, lanzó un llamado para cuidar a las nuevas generaciones, las encargadas de salvar al mundo, según sus palabras, y Antes de que nos olviden fue interpretada después de que Saúl habló sobre el espíritu de conciencia “Quizás todo depende de que nosotros realmente queramos cambiar, todo está en nosotros”.

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Siguieron Los dioses ocultos, Hasta que dejes de respirar, Aviéntame, De noche todos los gatos son pardos, Perdí mi ojos de venado, y la multiovacionada Nubes. Continuamente, Saúl agradecía a los asistentes, de igual manera, junto con Sabo, una y otra vez se acercaba a los extremos a saludar e interactuar con el público. Antes de Nos vamos juntos, procedió a la presentación de cada uno de los Caifanes para los que pidió sendos aplausos. Una vez que la canción terminó, los músicos se despidieron.

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El clásico, y esperado, encore comenzó con Diego tocando el saxofón e iniciando así Quisiera ser alcohol, siguieron Mariquita, Afuera (una de las más pedidas y coreadas), Amárrate a una escoba y vuela lejos, No dejes que y La negra Tomasa. Aunque es cierto que la voz de Saúl ha cambiado bastante, aún suena clara, fuerte y, más allá del tono, sincera; la energía de Alfonso es innegable, tal parece que por él no pasan los años; el talento de Diego, irrefutable, maestro de los teclados, sax, timbales y hasta guitarra; la entrega de Sabo, acariciadora, su alegría y emoción nos contagió. Caifanes nos demostró por qué siguen vigentes, es, y será, uno de los estandartes más importantes del rock mexicano, como alguna vez dijera Saúl “le pese a quien le pese”.

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