Por Erika Mo
Fotos Óscar Villanueva Dorantes (OVD)/Cortesía

Una relajada y jubilosa noche la que se vivió el pasado 11 de febrero en el Plaza Condesa, pues dicho recinto recibió a una de las bandas más reconocidas, y queridas, de la escena del reggae latinoamericano: Los Cafres.

Un poco antes de la hora citada (20hrs.) Ojo de Buey, hizo su aparición en el escenario, e inmediatamente los numerosos asistentes comenzaron a bailar y disfrutar los temas que la joven banda costarricense tocó por casi una hora. Aunque Ojo de Buey tuvo una excelente aceptación por parte del público, éste ya estaba ansioso por escuchar a la banda originaria de Buenos Aires.

Dos minutos después de las 21 horas, cada uno de los músicos argentinos comenzó a tomar su lugar, una vez la banda alistada, sonaron los primeros acordes de Por más q’ intente, canción incluida en su último álbum Alas canciones, ya que había comenzado la canción, el vocalista Guillermo Bonetto apareció en el escenario, el Plaza gritó de alegría.

“Buenas noches, México, ojalá la pasemos todos muy bien, se les extraña mucho” Con estas palabras, el carismático frontman saludó a los seguidores, e inmediatamente interpretó El silencio. Siguieron con Listo, Es la música (muy aclamada), Mientras tanto y El Romano.

“Es bueno saber que México también piensa. Trump, no te tenemos miedo” fue la consigna que Bonetto lanzó antes de seguir el concierto con Caprichos, La maraña y Dreadlocks,  un bloque, sin duda, con un mensaje directo y en pro del respeto y la tolerancia, tal como es la esencia del reggae.

Aunque ya no son los jóvenes pandrosos, rastudos  y contestatarios de hace veintitantos años, el espíritu y entrega de Bonetto y compañía en el escenario es indudable, sobre todo en temas como Puedo, Suena la alarma, Kaos, Perdón, Dale e Imposible. En las que la banda se mostraba contenta, entregada y muy agradecida con sus fans mexicanos.

Las últimas canciones de la noche Sigo caminando, De mi mente, Aire, Tus ojos y Casi que me pierdo¸ fueron testigo del emotivo encuentro de los músicos con sus seguidores, pues era evidente que estos han acompañado a la banda desde al menos la mitad de su existencia, un Plaza lleno de personas de entre 30 y 40 años dio cuenta de ese esperado momento que se prolongó pasadas las 23 horas cuando, entre aplausos y gritos de alegría, Los cafres se despedían.

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