Endorfina Cultural

La adicción que necesitas

Siddhartha ofreció una noche mágica en el Auditorio Nacional

Por: Paulina Sánchez
Fotos: OCESA / César Vicuña

El Auditorio Nacional, colmado por más de 10 mil almas que agotaron las entradas en apenas una hora, se convirtió en un refugio de emociones compartidas. Desde los primeros acordes de “Extraños” y “El chico”, el tapatío apareció acompañado de su banda y su inseparable guitarra, saludando con una cercanía que desdibujó la distancia entre escenario y butacas: “Buenas noches, ¿cómo están chicos?”.

La respuesta fue inmediata: un coro multitudinario, piropos lanzados al aire y “te amo” que retumbaban como eco constante. No era sólo un concierto, era un encuentro íntimo a gran escala. Como ya había ocurrido en su histórico lleno en el entonces Foro Sol en 2023, la conexión fue total, casi eléctrica.

El ‘Tú y Yo Tour’ tomó forma como un viaje emocional donde cada asistente parecía tener un lugar reservado en la historia. Siddhartha desempolvó recuerdos convertidos en canciones; “Mi castillo de blanca arena”, “Una noche tranquila”, y los entrelazo con lo nuevo, provocando un karaoke colectivo en “Escápate conmigo” que hizo vibrar cada rincón del recinto.

Entre luces tenues y silencios respetuosos, también hubo espacio para la vulnerabilidad. Al recordar la creación de “Suburbios”, tema de su disco 00:00, el cantante abrió una puerta a uno de los momentos más oscuros de su vida. Y entonces, la luz: mencionó a Yuya, su compañera, como el ancla que lo sostuvo. “Mi chica hermosa que también está ahí, me sacó de ese vacío”, dijo. La ovación fue tan cálida como el sentimiento.

La noche continuó con un destello de lo que pudo haber sido su “MTV Unplugged”, cancelado por la pandemia. “Me hace falta (Cap. 2)" y"Acapulco " renacieron con matices tropicales, invitando al público a levantarse, a bailar, a soltar.

Pero fue el amor ese protagonista silencioso quien regaló uno de los instantes más memorables. Durante “Paraíso lunar”, un joven entre la multitud se arrodilló para pedir matrimonio, deteniendo el tiempo en un suspiro colectivo. El recinto entero fue testigo de un “sí” que se fundió con la música.

En la recta final, Siddhartha presentó a sus músicos, agradeció con humildad y tejió un último bloque donde pasado y presente se abrazaron en canciones como “Abrázame”. Y como dicta la tradición, el cierre llegó con mariachi, elevando “00:00” a una despedida cargada de identidad y emoción.

La magia, esa que prometió al inicio, no fue un truco. Fue real. Y quedó suspendida en el aire, latiendo en cada recuerdo de quienes estuvieron ahí.