Endorfina Cultural

La adicción que necesitas

Entre beats fronterizos y baile: noches que confirman por qué la música se vive en vivo

Por: Óscar Quintero 

Hay conciertos que se disfrutan y otros que se viven. Así fue la experiencia con Nortec Collective en La Maraka, una noche en la que el proyecto tijuanense demostró que, cuando el escenario se vuelve cercano y el público se siente parte del ritual, la música adquiere otra dimensión.

Casi treinta años después de su formación, Nortec ya no se observa: se habita. Lo que ocurre sobre el escenario no se queda ahí arriba; baja, se contagia y se instala en el cuerpo. Esa fue la sensación desde los primeros minutos del concierto de este jueves en La Maraka, donde el proyecto encabezado por Bostich (Ramón Amezcua) y Fussible (Pepe Mogt) volvió a demostrar que su música no se explica, se vive.

Frente a mí, los sintetizadores dialogaban sin pudor con la tuba, la trompeta y el acordeón. No había choque, sino sincronía. Los músicos parecían respirar al mismo tiempo, y el público respondió igual: pies marcando el ritmo, cabezas en constante movimiento, cuerpos que se dejaban llevar entre zapateados espontáneos y pequeños brincos que nacían sin pedir permiso. Esa mezcla que alguna vez pareció improbable hoy suena natural, casi inevitable.

La cercanía del foro hizo que todo se sintiera más intenso. No fue un concierto para mirar a distancia, sino para sumergirse. Desde mi lugar podía ver cómo los músicos disfrutaban tanto como nosotros: el bajista recorriendo el escenario, los metales levantando los brazos para provocar al público, la tuba marcando el pulso con una energía casi física. Cada gesto era devuelto con aplausos, gritos y sonrisas compartidas.

En esa comunión entre banda y audiencia, Nortec confirmó lo que su propia música proclama. No como una consigna, sino como una experiencia tangible: Tijuana Makes Me Happy. Esa noche en La Maraka, la frase dejó de ser un título y se convirtió en un estado de ánimo colectivo. Salí del recinto con el cuerpo cansado, el oído satisfecho y la certeza de haber sido parte de algo que solo ocurre cuando la música encuentra el espacio perfecto para suceder.