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La adicción que necesitas

Ben Böhmer convierte el Pepsi Center en un viaje emocional de principio a fin

Por: Amaury Berdejo
Fotos: OCESA / Pablo Deyta

La noche en el Pepsi Center comenzó a tomar forma desde temprano, con una atmósfera que se sentía contenida pero lista para explotar. Luces cálidas, visuales envolventes y un público que poco a poco iba llenando la pista marcaban el inicio de una experiencia que prometía más que un simple concierto: una inmersión total en el sonido melódico.

El encargado de abrir la velada fue Eric Luttrell, quien desde los primeros minutos dejó claro el tono de la noche. Con un set cargado de texturas progresivas y matices emotivos, el DJ logró enganchar a una audiencia que, aunque aún en proceso de acomodarse, comenzó a conectar con cada transición.

Su selección musical se movió entre lo melódico y lo atmosférico, construyendo una narrativa que crecía poco a poco sin necesidad de prisas. Cada drop se sentía medido, cada capa sonora bien colocada, preparando el terreno para lo que sería el momento estelar de la noche.

A las 10:00 p.m., Ben Böhmer tomó el control del escenario y, desde ese instante, el Pepsi Center se transformó por completo. Su set fluyó como una historia continua, envolviendo al público en una experiencia emocional que se mantuvo firme durante casi dos horas, hasta su cierre a las 11:50 p.m.

Momentos como “Breathing” y “Rust” marcaron picos importantes de la noche, pero fue con “Beyond Beliefs” donde todo se desbordó. La conexión con el público fue total: manos en el aire, miradas fijas al escenario y una energía colectiva que convirtió el recinto en un solo latido.

Uno de los elementos más especiales de la noche fue la participación del cantante Max Milner, quien subió al escenario en varias ocasiones para sumar su potente voz al set. Su presencia llevó varios momentos a otro nivel, destacando especialmente cuando interpretaron un cover de “A Sky Full of Stars” de Coldplay, generando uno de los puntos más emotivos de toda la presentación.

El diseño visual acompañó cada instante con precisión: animaciones ambientales de primer nivel y un despliegue de luces láser en los momentos de mayor energía reforzaron la experiencia, creando una sincronía envolvente entre sonido e imagen.

Así, Ben Böhmer no solo entregó un set impecable, sino una experiencia profundamente emocional y cuidadosamente construida. Una de esas noches donde la música electrónica deja de ser solo baile para convertirse en algo mucho más íntimo y colectivo al mismo tiempo.

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