Endorfina Cultural

La adicción que necesitas

Vilma Palma e Vampiros: una noche noventera que volvió a latir en la CDMX

Por: Óscar Quintero
Fotos: OCESA / José Jorge Carreón

La Ciudad de México vivió una de esas noches que no se archivan en la memoria: se cantan, se sudan y se comparten. La presentación de Vilma Palma e Vampiros fue mucho más que un concierto; fue un reencuentro emocional con una década que sigue sonando actual, directa al pecho y sin pedir permiso.

Desde que las luces comenzaron a caer en el Pepsi Center, el público ya estaba listo para viajar en el tiempo. No hubo espera silenciosa: hubo coros anticipados, sonrisas cómplices y esa sensación colectiva de saber que lo que venía iba a tocar fibras profundas. Cuando la banda tomó el escenario, la distancia entre músicos y asistentes desapareció en cuestión de segundos.

Los primeros acordes activaron una fiesta instantánea. “La Pachanga” encendió el recinto como una chispa sobre pólvora emocional; “Auto Rojo” convirtió la noche en un karaoke masivo donde nadie quiso guardarse la voz. No se trató de nostalgia pasiva, sino de una celebración viva, compartida, casi urgente.

Entre canción y canción, el concierto tomó un giro íntimo y poderoso. El mensaje de fuerza hacia Argentina, dicho con honestidad y sin artificios, añadió una capa de conciencia a la velada. La música, además de divertir, también abrazó y recordó que detrás de cada himno hay historias reales, países que sienten y públicos que escuchan.

Momentos como “Bye Bye” y “Mojada” trajeron esa mezcla perfecta entre melancolía y euforia: letras que acompañaron etapas de vida y que hoy regresan con un eco distinto, más maduro, igual de intenso. Se vieron generaciones distintas cantando la misma frase, parejas mirándose a los ojos en los coros, amigos fundidos en abrazos sinceros.

La producción acompañó con inteligencia: luces que pintaban el aire sin distraer, pantallas que amplificaban la energía y un sonido sólido que permitió que cada guitarra, cada golpe de batería y cada palabra encontraran su lugar. La banda, cercana y agradecida, mantuvo un diálogo constante con el público, sonriendo, provocando y celebrando.

Así, la noche cerró como empezó: con el corazón acelerado. Vilma Palma e Vampiros no ofreció solo un repaso de éxitos, sino una experiencia compartida que confirmó que los noventa no son pasado. Siguen aquí, cantándose a todo pulmón, recordándonos que algunas canciones no envejecen: se vuelven parte de nosotros.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.