Por: Paulina Sánchez
Fotos: OCESA / Lulú Urdapilleta
La noche del pasado sábado, el Lunario de la Ciudad de México tuvo algo especial. A las ocho en punto, el escenario recibió a Santiago Motorizado, quien llegó con su proyecto solista para mostrar un lado más íntimo y sensible, alejándose por un momento del ruido eléctrico de Él Mató a un Policía Motorizado.
El concierto fue una especie de confesión musical. Durante la velada, Santiago presentó canciones de su disco El Retorno, un trabajo lleno de guitarras suaves, arreglos acústicos y emociones que se sienten muy de cerca. La noche arrancó con una sorpresa que tocó fibras: una versión de «Soy Rebelde», el clásico de Jeanette, que de inmediato creó un ambiente de nostalgia compartida. Después llegaron temas como «Camino de Piedras» y «Polvo de Estrellas», donde su voz cálida y melancólica llenó el recinto y mantuvo al público completamente atento.
En su faceta solista, Santiago conserva la esencia de sus letras, pero con un aire más cinematográfico y personal. Canciones como «Google Maps» y «Tanto Tonto» brillaron por su sencillez: pocas capas musicales y mucho espacio para que la voz contara la historia. El ambiente del Lunario ayudó a que todo se sintiera cercano; entre canción y canción, el músico compartió pequeñas anécdotas y comentarios que hicieron que el concierto se sintiera más como una charla entre amigos que como un show tradicional.
Y aunque la noche estaba dedicada a su proyecto solista, Santiago no se olvidó de los temas que marcaron a toda una generación. Para el cierre llegaron himnos como «El Tesoro», «La Noche Eterna» y «Chica de Oro», que fueron coreados con fuerza por el público. Fue un final lleno de emoción que dejó claro algo: la evolución artística de Santiago convive perfectamente con la historia que ha construido junto a su banda.






