Por: Paulina Sánchez
Fotos: OCESA / José Jorge Carreón
Lucero no solo apareció en el escenario: regresó al origen, con “Siempre contigo”, la artista celebró 46 años de trayectoria como quien abre un álbum de vida frente a miles de testigos, en un espectáculo íntimo, nostálgico y, por momentos, profundamente conmovedor.
En las pantallas, una niña hablaba con su madre y confesaba, con la inocencia intacta, su deseo de ser artista. Segundos después, la mujer en la que se convirtió esa niña emergió entre aplausos: cola de caballo, vestuario dorado, presencia absoluta. La transición no solo fue visual; fue simbólica.
Era el sueño cumpliéndose frente a 10 mil personas. “Siempre le dije a mi mamá que quería que me llevara a la televisión… ese sueño se cumplió”, dijo, con la voz sostenida entre la emoción y la certeza. Y entonces, como si el tiempo obedeciera su voluntad, la euforia estalló con “Tácticas de guerra” y “Sobreviviré”, himnos que han acompañado generaciones y que esa noche volvieron a latir en una sola voz colectiva.
Hubo espacio para la nostalgia más pura. En un guiño que desdibujó las fronteras entre pasado y presente, ‘Lucerito’ cantó con su propia imagen infantil proyectada en las pantallas, en un diálogo imposible que arrancó sonrisas y suspiros. Después, llegaron las telenovelas, esas que también construyeron su leyenda. Recordó con especial cariño a María Paula, la inolvidable villana de Lazos de amor, donde desafió su talento al interpretar a tres hermanas tan distintas como memorables.
La noche avanzó entre canciones que reafirmaron su vigencia: “Cuéntame”, “Ya no” y “Veleta” resonaron con la fuerza de quien no ha perdido el pulso ni la conexión con su público. Pero no todo fue música. Hubo momentos que se quedaron flotando en el aire, como la presencia de su hija en primera fila, celebrando cada nota, cada palabra, con una devoción que conmovió tanto a la artista como a los asistentes. Era, quizá, el reflejo más claro del paso del tiempo: la niña que soñaba ahora era madre, y era mirada con el mismo orgullo con el que ella miró alguna vez.
La fiesta se extendió: sonaron clásicos de Juan Gabriel, ritmos de Los Ángeles Azules y destellos brasileños que encendieron el escenario en una celebración sin fronteras, acompañada por músicos y mariachi que dieron cuerpo a una noche vibrante.
Lucero dejó abierta la puerta del reencuentro: anunció que volverá en octubre o noviembre al mismo recinto para continuar la celebración. Y así, como quien no se despide sino que promete, reafirmó lo que ya es evidente: hay trayectorias que no se miden en años, sino en la capacidad de permanecer. Y la suya, sin duda, sigue escribiéndose.






