Por: Óscar Quintero
Treinta años después de irrumpir en la escena con un sonido imposible de encasillar, El Gran Silencio sigue demostrando que su música no solo se baila: también se piensa y se resiste. En el marco de su próximo concierto en la Ciudad de México, la banda regiomontana abrió el diálogo sobre los retos actuales que enfrenta como agrupación binacional, particularmente en un contexto migratorio cada vez más hostil en Estados Unidos.
Durante una conferencia de prensa, el grupo compartió cómo la presencia constante del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) se ha convertido en un obstáculo real para sus presentaciones al norte de la frontera. Para una banda históricamente cercana a la comunidad chicana y migrante, el impacto no es solo logístico, sino profundamente humano. La tensión en los conciertos, la vigilancia y el miedo latente han transformado lo que antes era un espacio de celebración en un terreno de incertidumbre.
Tony Hernández, vocalista de la agrupación, describió esta situación como un reflejo del deterioro político y social que se vive actualmente en Estados Unidos. Aunque la banda ya anticipaba complicaciones en temas de visas y organización de shows, reconoce que el panorama se ha vuelto más complejo y restrictivo, afectando tanto a músicos como a su público, incluso a quienes cuentan con documentos en regla.
Lejos de usar la identidad latina como un recurso de mercadotecnia, El Gran Silencio ha construido su discurso desde la coherencia. Su música, marcada por la mezcla de cumbia, hip hop, reggae y rock, ha sido históricamente un canal de resistencia, una voz para quienes viven entre fronteras físicas y simbólicas. Hoy, ese mensaje cobra nueva fuerza frente a un escenario global cada vez más polarizado.
En paralelo, la banda también reflexionó sobre los cambios en la industria musical, particularmente el papel de la inteligencia artificial. Aunque reconocen que estas herramientas pueden diluir la esencia creativa, aseguran que su apuesta sigue siendo clara: preservar la identidad, el ritmo y el pulso humano que siempre los ha definido, incluso en un entorno tecnológico en constante transformación.
Como parte de esta etapa, El Gran Silencio se encuentra trabajando en tres producciones discográficas al mismo tiempo, una de ellas dedicada a la experiencia migrante. Entre los temas que preparan destaca “Siempre resistiendo bajo el sol”, una canción que invita a la reflexión crítica, al discernimiento y a no perder de vista la verdad en tiempos de ruido informativo.
Mientras celebran tres décadas de trayectoria, la banda se alista para reencontrarse con su público capitalino el próximo 21 de febrero en el Pepsi Center, en un concierto que promete ser más que un repaso musical: será un acto de memoria, resistencia y conexión colectiva.
Porque si algo ha dejado claro El Gran Silencio en estos 30 años, es que la música sigue siendo un refugio… y también una forma de lucha.






