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Por Ángel Santillán
Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

La noche era fría, afuera, en la Ciudad de México. La ciudad que se vuelve un caos por sus lluvias y encharcamientos en la calles a causa de la misma.

México, así como todo el mundo, despertó aquel miércoles 9 de noviembre con la noticia de que un sujeto con la jerarquía y muy baja reputación por sus actos, como lo es Donald Trump, se había convertido en el nuevo presidente de los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo.

Ante tal consternación, en el foro situado en la colonia Condesa, una banda legendaria proveniente de Escocia estaba dispuesta a hacernos olvidar el mal momento que vivíamos. Al menos a unos cuantos afortunados que estuvimos de este lado del mundo aquella noche del miércoles.

Fue entonces cuando, pasando unos minutos después de las 9:00 pm, Bobby Gillespie, el que también fuera miembro fundador y baterista de The Jesus And Marie Chain, apareciera sobre el escenario enfundado en un traje color rojo con corte setentero y una camisa blanca con flores rojas por debajo del saco que posteriormente se quitaría a la par del calor del show. Una elegancia y porte que solo un tipo británico de Glasgow podría tener.

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Andrew Innes espléndido en la guitarra y con un sombrero sumamente envidiable, Simone Butler luciendo hermosa y coqueta ante el público enfundada en el gliter verde de su vestido corto mientras marcaba el ritmo de las canciones en el bajo.

Y detrás, escondidos, haciendo su trabajo, Martin Duffy y Darrin Mooney en los teclados y batería, respectivamente, haciendo explotar el sonido más allá de la voz y movimientos de Billie.

Primal Scream comenzó pisando fuerte. Movin On Up, un clásico bien conocido de la banda empezó a sonar y dio start a la fiesta.

Where The Light Gets In, Jailbird, Accelerator y (Feeling Like a) Demon Again continuaron con la faceta de fiesta y con las palmas rítmicas del público que seguía la coreografía que Billie les impuso.

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El show también estuvo enmarcado por canciones nuevas como Higher Than The Sun y Tripping Of Your Love, para después regresar con más clásicos y cerrar Loaded, Country Girl y Rocks para llegar al encore donde esperaron a que el público los alentará a salir y seguir tocando más éxitos.

Primal Scream apareció por segunda y última vez sobre el escenario tocando Im Losing More Than I’ll Ever Had, la canción más desgarradora de los escoceses, Kill All Hippies que encendió a todos de nuevo y Come Togueter, otro de los himnos del Screamadelica, el álbum más histórico de Primal Scream.

Billie Gillespie, como todo un rockstar, sin sonreír mucho, pero con una destreza, agilidad y energía inimaginable, alentaba a su público con palmas y maracas durante todo el show; llendo de un lado hacia otro. De izquierda a derecha. Del centro hacia los lados. Siempre agradecido ante los mexicanos que se congregaron en el Plaza.

Primal Scream dio un show tremendo. Digno de lo mejor del año (que seguramente así será).

Dejó entrever a su gente, que es una banda más que legendaria, y que será un honor y un privilegio tenerlos de vuelta a nuestro país para un pronto nuevo concierto.

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