Por Ángel Santillán

Una nueva visita a la Ciudad de México de parte de Kurt Vile se llevó a cabo en el Plaza Condesa, aquel escenario con un audio increíble, y que a lo largo de los años, se ha convertido en un favorito de muchos para presenciar a sus artistas preferidos.

Sábado por la noche, el primer sábado de febrero del 2017, otro año que corre muy veloz y que empatar su velocidad es algo complicado.

Kurt Vile y su banda salieron a la cancha con mucha frescura; con sonrisas y saludos a su gente que les aplaudía y chiflaba la simple acción de salir a tocar.

Cada integrante, con cerveza de lata en mano, dieron un último trago a sus bebidas, las dejaron reposar y esperaron a que el mandamás de nombre Kurt diera el punto inicial con las primeras notas de Dust Bunnies con su guitarra electroacústica.

La conexión fue inmediata, todos comenzamos a mover la cabeza de arriba hacia abajo – de abajo hacia arriba. Un Kurt Vile siempre atento y gentil al término de cada canción agradeciendo a su público el estar presentes, excelso en la ejecución de cada canción. Entregándose por entero.

Las canciones acústicas fueron algo destacable durante el show, como en That’s Life Too (almost hate to say), Goldtone y Stand Inside donde un Kurt solitario postrado en medio del escenario a una sola luz que lo iluminaba, hizo gala de su talento al interpretar con tal fervor estas piezas.

Pretty Pimpin, como era de esperarse, fue la canción más coreada y aplaudida por la gente casi al finalizar la primera parte del concierto, no sin antes sin tocar Freak Train con una energía endemoniada. Rifss de guitarra, solos de saxofón y enormes golpeteos de batería hacían que una niña no mayor a los 12 años adelante de mí creara su propia coreografía al ritmo de las luces, un baile particular que muchos de los presentes hubiéramos querido imitar si fuéramos más desinhibidos.

Para el encore, Kurt y su banda regresaron al escenario con una nueva cerveza de lata en la mano; «I love you guys. It’s great to be here. Thank you«, mencionó el intérprete al mismo tiempo que destapaba su cerveza a la cual dio un gran trago para luego tomar su guitarra y cantarnos Wild Imagination y Baby’s Arms.

Una gran canción ausente fue Never Run Away, pero la verdad no hubo cabida para reclamos, Kurt Vile y su banda hicieron de la noche de sábado algo mágico con su música. Nos encantaron con su folk en un recinto que, si bien no estaba al máximo de su capacidad (ya que había algunos huecos), al menos si se encontraba la gente que debía estar para escuchar lo mejor de este artista que, bajita la mano, ya lleva una carrera y discografía muy interesante que explorar.

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